Adiós a la virginidad - Romina Sacre
1937
post-template-default,single,single-post,postid-1937,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive

Adiós a la virginidad

Cuando íbamos en tercero de secundaria, mi mejor amiga, J, me confesó en recreo lo siguiente: “Mi novio y yo lo hicimos este fin de semana en casa de sus papás.” Más allá de emocionarme la regañé porque “no estábamos en edad de hacer esas cosas” y “qué miedo quedar embarazada”. Al siguiente año, como efecto dominó, mis amigas empezaron a dejar de ser vírgenes. Y yo, como no duraba más de tres meses con novio, pues no había tenido “relaciones” con alguien, porque si algo tenía claro es que no iba a ser con cualquiera.

Mi quinto año de prepa lo cursé en una escuela religiosa, así que ya se imaginarán… obvio nadie hablaba de sexo. Pero cuando regresé a mi escuela mixta el año siguiente, tuve dos novios, y ambos se sentían muy presionados porque en mi grupito de amigas sólo quedábamos tres vírgenes. Me gradué de la prepa y entré a estudiar actuación. Ahí conocí a L, y me enamoré perdidamente.

L era de Ciudad Juárez, Chihuahua, era cinco años mayor que yo —él tenía 24—  y era altísimo, tenía el pelo negro y chino, era espaldón… La neta L estaba bien bueno, era muy sexy, divertido y tenía mucha personalidad. Platicamos por primera vez en una fiesta y su técnica de ligue fue: “Estás muy guapa, pero eres muy fresa”. Yo le contesté: “Mejor dime algo que no sepa”. Se hacía el interesante conmigo pero yo notaba que le gustaba y entre más tonterías me decía con su acento norteño (el más sexy de todos), más me daban ganas de darle un beso. Esa fiesta terminó hasta las 6:30 de la mañana y nos despedimos con un “nos vemos el lunes en la escuela”.

Ese fin de semana no dejaba de pensar en él y moría de ganas de que ya fuera lunes para verlo. Lo vi entre clase y clase, y lo saludé tetísima mientras tomaba agua del garrafón. Me dijo que me invitaba al cine esa semana. Obvio acepté y, de pronto, empezamos a vernos diario.

A las dos semanas se me declaró en una cena en la terraza de su departamento: puso una mesita y llenó el piso de velas, había un ramo de flores y una botella de vino. (Ahora que recuerdo, creo que nadie ha vuelto a hacer algo así para mí).

L y yo nos divertíamos muchísimo y nos gustaba ver películas, hablar de actores (porque a eso nos queríamos dedicar) y cocinar en su casa. Como a los dos meses, le dije que era virgen, lo cual le causó mucho shock (o “chock”, como diría él). “¿Neta? ¿Nunca…?”, preguntó. “No”, le respondí. “¿Por?”, dijo confundido. Y le conté que no había llegado alguien a quin realmente amara, que chance era muy cursi pero que no quería perderla con alguien que no valiera la pena.

Un viernes me invitó a su casa a escuchar a Intocable (éramos mega fans) y a tomar caguamas. No sé en qué momento “la llama se encendió” (odio esa frase como de telenovela), pero terminamos en su cuarto y pues, pasó.

La verdad es que no estaba nerviosa (tampoco estaba peda, para que no empiecen a inventar), al contrario, estaba emocionada. Mientras tanto, me preguntó si estaba bien como diez veces. Creo que el tenía más miedo que yo. Después de un rato, me dijo: “¿Ya estás lista”. Y yo no supe qué contestar. ¿Lista para qué? No tenía idea de qué era un orgasmo, ni de qué se supone que debía sentir. Le respondí que sí, pero no era cierto. Dormimos juntos (porque mis papás estaban de viaje, así que no hubo pedo) y me abrazó toda la noche. No dejaba de repetirme que me amaba y que me veía guapísima.

La siguiente semana le platiqué a mi mamá lo ocurrido. “Necesito que me lleves al ginecólogo porque me tengo que cuidar”, de dije. Mi mamá empezó a llorar de la felicidad (ay, no mamen lo cursi) y me agradeció por tenerle confianza.

Qué cosa tan rara es eso de la virginidad, ¿no? Siento que la idealizamos demasiado. Yo pensaba que la iba a perder con mi primer amor, R, en una playa llena de velas, pétalos de rosas y música de Luis Miguel, y terminó siendo en un colchón sin base, un viernes cualquiera, escuchando una playlist que tenía Intocable, José José y Grupo Pesado (es que era del norte, no lo juzguen), pero con alguien a quien amaba y me amaba.

Mi relación con L duró cerca de 8 meses y cortamos en parte porque yo me iba a Nueva York a estudiar, pero fue una relación súper bonita que me enseñó mucho y no me arrepiento en lo absoluto. Qué padre haber vivido esa experiencia con él.

Me encantaría saber su opinión acerca de la virginidad, si está sobrevalorada o no. Si les late contarme historias de su primera vez, mándenmelas a romina@estoespurpura.com. Les mando besos, ¡gracias por leerme!

Tags:
,

Comentarios

Loading Facebook Comments ...
No Comments

Post A Comment