Corazón de balón - Romina Sacre
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Corazón de balón

Mi mamá se aseguró de casarse con un hombre que no fuera demasiado fanático del futbol porque no estaba dispuesta a dedicar sus fines de semana a ver partidos. Lo que le falló fue engendrar una hija que no fuera demasiado fanática del futbol. Así que, en efecto, se pasa los fines de semana viendo partidos: los míos.

La primera vez que supo lo que le esperaba fue cuando a los 7 años me encontró viendo un partido en la tv. Me preguntó quién jugaba y tranquilamente le contesté, “La Salle contra la Anáhuac”. No lo podía creer. “¿Y por qué ves eso?”

¿Por qué? Porque ya había buscado en todos los canales y era el único partido de futbol que encontré. Solo era cuestión de tiempo para que ingresara a un curso de futbol. Después de una peregrinación por todos los equipos de la zona nos dimos por vencidas. No había un club femenil. Los equipos eran mixtos, es decir, aceptaban niñas, pero en realidad no tenían ninguna, y peor aún, mis papás no estaban de acuerdo en que fuera la única. Después de mucho rogar y llorar, cedieron y entré al Centro de Capacitación de la Femexfut.

No fue fácil ser la única niña en un equipo de puros niños. No me pasaban el balón, me menospreciaban y los papás y entrenadores rivales les gritaban “y qué que sea niña, pégale” durante los partidos. Así que me trataban como uno más sin detenerse. Pero en el futbol se dice “cállales la boca con goles” y con goles fue.

Resulté buena para la patada. Aproveché cada oportunidad para demostrar que ser mujer no te impide ser futbolista. Y empezaron a darse los tiros que lograban entrar a la red. Muchas veces burlé al rival con buena técnica y dominio del balón, eso sí con prudencia, para no encender los ánimos. Ser superado por una niña no era fácil para mis compañeros y menos para los contrincantes. Pero mis compañeros empezaron a confiar en mí. Me escogían al formar equipos, me pasaban el balón y me incluían en las jugadas. Me gané mi lugar y cuando alguien se metía conmigo se metían con todo el equipo. Llegó el día en que me nombraron capitana, no solo en un juego, sino toda la temporada. El que mis compañeros me aceptaran como su capitana fue un gran orgullo pero también una enorme responsabilidad. Estaba jugando un deporte de “niños”, demostrando mi liderazgo y logrando la igualdad desde mi género, sin conceder mi feminidad.

Al cumplir los 12 años ya no me permitieron jugar en equipo mixto y felizmente encontré un equipo femenil de alto nivel, la U. de Chile MX, donde juego ahora. En la ‘U’ he encontrado a mis mejores amigas, con quienes comparto lo que más me apasiona en un ambiente muy cool, donde todas tenemos claro nuestras metas. Nos apoyamos unas a otras y no nos ponemos el pie, al contrario, el triunfo de una es el triunfo de todas.

Jugar para la Selección Nacional ha sido siempre mi sueño. He quedado muy cerca durante las visorías aunque no he podido lograrlo…aún.

Fer King.
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