Los “Daddy y Mommy Issues” que todos tenemos: patrones que nos controlan - Romina Sacre
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Los “Daddy y Mommy Issues” que todos tenemos: patrones que nos controlan

Nuestras relaciones humanas – sobre todo las de pareja- son la manifestación y el espejo principal de asuntos sin resolver en nuestro entorno familiar. La falta de introspección y la victimización nos impiden identificar estos patrones para poder trabajarlos y así mejorar nuestras elecciones a la hora de relacionarnos.

Hace unos días tuve la oportunidad de viajar con una amiga fuera del país. Estuve esperando este viaje con mucho entusiasmo ya que emocionalmente necesitaba unos días para alejarme de una situación un poco dolorosa. Encontré todo menos descanso emocional. Fue uno de los viajes de mayor introspección y en donde la claridad mental me hizo darme cuenta de nuevos aspectos que debo trabajar si quiero llegar a mayor plenitud.

Estando ahí, conocí a unos hermanos de Alemania con los que pasamos la noche en una terraza, tomando ron, viendo las estrellas y resolviendo el mundo. Hubo uno de ellos con los que la plática fluyó más desde el principio y para mi sorpresa teníamos una visión muy parecida en muchos aspectos de la vida. Lo inesperado fue que este alemán de la nada me empezó a contar un poco de su historia familiar y cómo el divorcio de sus padres, los miedos de su mamá, los sueños frustrados de su padre y las expectativas de ambos hacia él lo llevaron a un breakdown nervioso hace un par de meses. Palabras clave de esta conversación: miedos, frustraciones, expectativas, proyecciones y culpabilidad.

Les comparto esta experiencia porque el resto de mi viaje me dejó pensando en lo que mis propios padres me han dejado como herencia emocional. Identificar estos patrones y reflejos emocionales, no significa que debamos culparlos, porque en realidad la mayoría de las veces es inconsciente lo que nos transmiten. Y al final, somos nosotros quienes a través de la percepción y de la inteligencia emocional que debemos identificarlos y trabajarlos; porque al final es nuestra vida y nuestra responsabilidad, ¿no?

La relación con nuestros padres es la primera que tenemos como seres humanos y es ahí donde en base a lo que observamos y percibimos, aprendemos lo que es amar y sentirse amado. Debido a que es nuestra referencia sobre cómo relacionarnos con los demás, conforme vamos creciendo y dependiendo de las experiencias que vayamos viviendo se van creando patrones. Pero incluso más que la propia experiencia, es el cómo las manejamos. Quizá nos enseñaron a expresar lo que sentimos y a interpretar nuestras emociones, o por el contrario, aprendimos a reaccionar con miedo, evadir esos sentimientos y reprimirlos.

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía tres años. Por años, mi padre desapareció de mi vida y se dedicó a rehacer la suya. Ahora que soy “adulta” (whatever that means) no lo culpo, lo entiendo y sé que hizo lo que pudo dentro de sus posibilidades emocionales. Sin embargo, su ausencia creó un trauma emocional a una niña de tres años que sin saberlo, le afectaría en la mayoría de sus relaciones. Por años crecí con un miedo extremo al abandono, pero lo peor no era eso, sino que no era consciente de ese miedo ni el porqué. Desde mi primera relación hasta la más reciente, me he involucrado emocionalmente con hombres que eventualmente me abandonaban. Elegí tener relaciones poco sustanciosas sabiendo que era un hecho que me iban a dejar… como siempre lo hacían.

Fue en mi última relación, a quien más he amado y con quien más me dolió el momento de la inevitable separación que hice consciente lo inconsciente. Y fue ahí donde entendí que había sido víctima de mi propio miedo, de mi propia inconsciencia y que yo soy la única que podía hacer algo al respecto si no quiero seguir repitiendo el mismo patrón. Es importante aclarar que no es que predijera el futuro y supiera que me iban a dejar y que yo me iba a enamorar más que ellos; el patrón es el quién y qué tipo de persona y situación elegía para involucrarme emocionalmente.

Los patrones son reacciones e impulsos del inconsciente, resultado de múltiples situaciones que nos impactaron emocionalmente. Sin introspección y auto cuestionamiento, vamos por la vida siendo efecto de estos “reflejos emocionales” que vamos acumulando. Esto nos va impidiendo abrirnos a diferentes personas o situaciones que pasan por nuestra vida. O peor aún, escogemos y atraemos las mismas situaciones y personas que impiden nuestro crecimiento porque es lo único que conocemos.

Algo muy común es que buscamos incansable y dañinamente la aprobación de nuestros padres. Incluso aquellos que creen que por el contrario, no les importa su opinión, a veces son a los que más les duele no tener la “aprobación” de mamá o papá. Estos son los casos más tristes de adultos frustrados trabajando o haciendo algo que no les gusta por estar buscando aprobación si no es de los padres, del mundo. ¿Qué pasaría si hiciéramos consciente todo aquello que nos limita? O mejor aún, ¿qué pasaría si trabajamos esos miedos y sentimientos reprimidos? Habría menos Donald Trumps en el mundo, créanme. Y quizá, estaríamos viviendo la mejor versión de nosotros mismos y compartiendo con el mundo la Luz que venimos a transmitir.

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