Mi adolescencia con anorexia - Romina Sacre
3856
post-template-default,single,single-post,postid-3856,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive

Mi adolescencia con anorexia

Esta es la tercera parte de la historia de Alejandra Rubiralta quien nos cuenta lo que fue tener sobrepeso en la adolescencia y después sufrir de anorexia. 

Desde chica hice ejercicio, pero la cantidad y la calidad de lo que comía no me ayudaba en nada. Me metí a gimnasia olímpica con una amiga. Ella avanzaba de nivel mientras yo no pasaba de los mismos ejercicios. ¿La razón? Mi estructura era demasiado pesada para ser gimnasta. Pasé al ballet, luego al jazz, aerobics, softball, basquetbol, etc. El hábito del ejercicio se lo tengo que agradecer a la Marus, mi querida madre, que diario se levantaba muy temprano para irse a los aerobics y regresaba sudada después de su clase para llevarnos a la escuela.

La adolescencia me pego muy fuerte. Ser amiga de la más bonita de la escuela no me ayudaba en nada. Los niños me “usaban” para acercarse a ella. Yo era cero popular, no le gustaba a ningún niño. Me convertí en “one of the guys”, sólo les caía bien. Después de unas vacaciones de verano ella regresó flaquísima. Se veía espectacular, parecía top model de las revistas que hojeábamos todas las tardes. La envidia me corroía e inmediatamente quise imitarla.

Tomé de cuantas revistas pude las dietas milagrosas y empecé a hacerlas una tras otra. Llegué a consumir 500 calorías al día. Desayunaba una manzana, comía papaya y cenaba otra manzana. Obvio adelgacé rapidísimo, pero a cada rato me sentía mal. Descubrí que desayunando una lata de coca light me llenaba increíble y no me daba hambre.

Me veía al espejo y seguía viéndome gorda. No estaba tan flaca como mi querida amiga. Lo que yo no sabía es que ella estaba pasando por un período de anorexia espantoso del cual tardo mucho tiempo en recuperarse.

Mi recurso fue aumentar mi actividad física. Sólo quería quemar calorías. ¡Necesitaba adelgazar! Se volvió una obsesión terrible. Me levantaba a las 4:45am a brincar la cuerda que mi papá que había regalado y llegué a hacer más de 1000 abdominales. No dejaba de hablar de dietas, calorías, y ejercicio.

Llegaron mis XV años. Logré bajar mucho de peso. Yo quería demostrarle a todos lo flaca que estaba. Invité a la fiesta a mi amor imposible, ese que nunca me peló. Todo el mundo sabía lo mucho que me gustaba así que mis amigas le dijeron al “animador” que lo llamaran. Cuando llegó el vals “Alejandra” lo vocearon en el micrófono y ¡bailó conmigo! ¡No bueno! Yo me sentía la más soñada.

A los 16 empecé una rutina de pesas con un entrenador de petatiux. De un día para otro me inflé como globo. Estaba realmente deprimida. Yo pensaba que la ropa se estaba encogiendo, pero realmente mi músculo se estaba hipertrofiando, o más bien inflando. Resulta que tengo una estructura muscular envidiable para cualquier fisicoculturista; desarrollo músculo sin tener que tomar ningún tipo de suplemento.

En mi depresión empecé con desórdenes alimenticios. Descubrí que vomitando podía comer sin culpa y adelgazar rápidamente al mismo tiempo. Además, dejé las pesas y descubrí el karate. Me fue muy bien, aparte de encantarme, estuve a punto de ser cinta negra, gané en los nacionales, perdí peso por este esfuerzo y por vivir a dieta.

Un día recibí una llamada. Me habló un niño de mi generación para invitarme a salir. A mis 17 años era la primera vez que alguien me tiraba la onda. ¡No lo podía creer! ¡Por fin había sucedido! Tanto esfuerzo había valido la pena. Me sentía admirada y deseada por primera vez. Descubrí que la fórmula mágica era estar flaca. Empecé a tener pretendientes y cada vez empezaba a tener más seguridad en mi misma. Ahora reflexiono y me doy cuenta el poco valor que me tenía. ¡Qué triste! Estaba poniendo todo el peso a mi físico y no a la persona que soy.

Mientras escribo este artículo, veo en retrospectiva esta etapa de mi vida y quisiera decirles desesperadamente a todas las chavitas que están pasando por este mismo rollo que la vida es más que nuestro físico. La vida es más que una talla o que un número en la báscula, más que una cara bonita, más que la popularidad.

En el próximo artículo les platicaré cómo por fin me cayó el veinte de pasar del odio al amor a mi cuerpo. Ojalá con mi historia siembre una semilla en quien me lea.

Comentarios

Loading Facebook Comments ...
No Comments

Post A Comment