Mi vida cambió después del terremoto - Romina Sacre
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Mi vida cambió después del terremoto

“Cuando la tierra se mueve, la gente se rompe y puedes verla por dentro…”

Parecía que estaba en una película. El letrero que colgaba sobre la cafetería del piso 11 en WeWork Varsovia se estrelló contra el piso al igual que las lámparas colgantes. Yo escuchaba que me gritaban: “Vente para acá”. Decían que me fuera hacia la columna o que me metiera abajo de las mesas pero al ver tantas cosas que volaban preferí quedarme parada junto a la pared. Pensaba que era la mejor opción. Mínimo se me caían los vidrios de las lámparas y no me descalabraba el letrero. Empecé a decir en voz alta: “Dios por favor para” una y otra vez. “Dios por favor para” hasta que dejó de temblar. Ya no se oía el crujido del edificio. La gente seguía gritando y con terror caminé hacia donde estaban todos y me metí abajo de una mesa que ahora sé que no se debe hacer pero, ¿ustedes creen que me tomé 2 minutos para leer el manual que circuló en redes sociales sobre qué hacer en caso de un temblor? No. 

Me reencontré con Michelle Ronay, quien estaba conmigo en el curso que se suponía debíamos estar tomando en ese momento y evacuamos el edificio. Mientras bajábamos las escaleras veía polvo y humo de los edificios. Todavía no me podía comunicar con mi hermana ni con mis papás, pero logré mandarles mensaje ya que estábamos en la calle. Había gente desmayada, todos con nuestros celulares mandando mensajes, hablando por teléfono, unos fumando, hasta que nos dijo el policía: “¡Hay fuga de gas!”. Y ahí empezó mi pánico. “¿A donde nos vamos?”, le pregunté a Michelle.

Salimos del desmadre que se traían afuera de WeWork a otro desmadre más cañón. En el camino vimos vidrios en la calle, fachadas destruidas, gente corriendo y llorando… Me sentía en el fin del mundo. Nos quedamos un rato sobre Avenida Chapultepec cuando recibí la llamada de mi amigo Vicente. “Rom, estoy a dos cuadras de tu edificio, ¿quieres que vaya a ver a tus perras?”, me preguntó. Obviamente le contesté que sí. Al poco rato me contó que Lola estaba muy asustada por los frascos que se habían caídos en mi cocina. “Tu departamento está perfecto, solo se cayeron algunas cosas”, me dijo Chente, lo cual me tranquilizó un poco.

Caminamos en silencio hasta la Condesa, en el camino escuchamos que se había caído un edificio sobre Alvaro Obregón y varios edificios en la Roma. Ya casi llegando a mi casa, sobre el camellón de Nuevo Leon a la altura del Plaza Condesa, había soldados y gente corriendo, pidiendo ayuda. Voltee a mi izquierda y vi en la calle de Laredo un edificio colapsado. Ahí fue donde me cayó el veinte, donde me quebré.

Hace dos semanas en el temblor del 7 de septiembre, estaba celebrando el día de la independencia con mis amigas chingonas emprendedoras en The Local Way, que estaba a lado del edificio de Laredo y Amsterdam. Solo de pensar que pudimos haber estado ahí me puse peor. Le marqué a mi hermana que ya estaba más tranquila. “Renata, ¡pudimos haber estado ahí!”, le decía llorando. “Pero no nos tocó, mejor demos gracias que estamos bien, que no nos pasó nada”, me respondió.

Mich se fue a Polanco caminando para ver a su hija y a su esposo, que por fortuna todos estaban bien, y mis amigos Vicente y Mau llegaron a mi casa, comimos juntos y salimos a la calle para ver de qué forma ayudábamos. Llevamos las pocas cosas que tenía de primeros auxilios, una mesa plegable, botellas de agua, sábanas y toallas. Como no había luz en mi casa, ni señal, no me enteré de nada hasta en la tarde/noche que vi los videos. Se me rompió el corazón. No podía creer lo que había sucedido, toda la gente que perdió sus casas, a su familia. Fue una noche muy triste, sentía angustia, impotencia y miedo. Seguía mareada, tenía miedo de meterme a bañar y tuve pesadillas esa noche.

Los días siguientes fueron surreales. Calles cerradas en mi colonia, en el Parque España los brigadistas yendo a cargar piedras y a sacar a la gente, chats en WhatsApp donde pedíamos ayuda y compartimos información de lo que se necesitaba en cada punto. Jamás había visto tanta solidaridad, compromiso y entrega. La gente te preguntaba si estabas bien, si necesitabas agua, cargar tu celular o pasar al baño. Ofrecían café, comida gratis a los brigadistas… A pesar del ambiente de tensión y silencio se respiraba también una energía de amor, que creo despertó después del temblor.

Este fin de semana me fui a San Luis Potosí a celebrar la boda de mi amiga Lety Méndez y de Jesús alias Chisus, y hasta hoy me duelen los pies porque bailé y bailé hasta que me cansé (como canta Shakira nada más que no me enamoré de nadie #chiste). Me eché mis tequilas fríos y me reí con mis amigas Pau y Rubí, a las que no veía hace mucho. Como dice Sofía Niño de Rivera, también hay que celebrar la vida, cuidarnos y chingarle a nivel personal para seguir ayudando. Este fin de semana fue una escapada pero sé que mi vida jamás va a volver a ser la misma.

Quiero hacer muchas cosas. Hoy más que nunca sé que es un privilegio estar viva. Soy sumamente afortunada que yo salí ilesa de esta tragedia pero ahora es mi responsabilidad regresar lo que pueda a quien pueda. Voy a seguir juntando dinero para la cuenta que abrió mi amiga Dear Milano en GoFundMe (pueden donar aquí, TODO suma) para que esos 17 mil dólares que hay se conviertan en 50 mil o más. Ahora que pase más el tiempo quiero hacer un evento de adopción junto con mi amiga Mariana Quiroz para buscarle casas a los peludos que fueron víctimas del terremoto. ¡Ah! Y mi amiga Barbara Arredondo junto con otras personas armamos una iniciativa llamada Barrio, Te Quiero  porque ahora necesitamos enfocarnos en reactivar nuestros proyectos, la economía, el espíritu de fuerza y comunidad. ¡Ya quiero contarles lo chingón que está este proyecto!

Tal vez necesitábamos esta sacudida para entrar en razón de lo que realmente vale la pena en la vida porque al final nos vamos únicamente con lo vivido. A lo mejor este golpe nos va a ayudar a ser mejores personas los unos con los otros porque ya es momento de dejar nuestros egos, nuestras mamadas mentales y empezar exprimir cada instante de la vida. El terremoto nos hizo sentir tan chiquitos y tan vulnerables que si seguimos respirando es porque no podemos seguir en la pendeja. PUNTO. Así que a ponernos las pilas y a trabajarle duro que es nuestra responsabilidad hacer de México un mejor país y espero DE TODO CORAZÓN que no se nos olvide JAMÁS lo que podemos llegar a lograr cuando las cosas vienen desde un lugar desinteresado y de amor.

GRACIAS a ustedes mis palerines. Las y los amo. Mucho. Cuídense mucho y, ¡viva la vida!

PD. Estoy sumamente orgullosa de tener a gente tan chingona en mi vida. Gracias a mis amigas y amigos por ser unos mega rifados, y a todas y todos que no tengo el gusto de conocerlos en persona pero que han aportado y me han inspirado. 

#FuerzaMéxico

“Deja de decir naco, indio, fresa, hipster, ruco, hippie, millenial, puto, prieto, mirrey, etc…Ya se demostró que cualquiera arriesgaría su vida por rescatar la tuya. ” Manuel Roldán. Foto Pablo Cruz @pablo_ci

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