Porqué ir a terapia me cambió la vida - Romina Sacre
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Porqué ir a terapia me cambió la vida

Había una vez una niña que por fuera se veía muy fuerte pero por dentro era frágil, a la que le dijeron que llorar no valía la pena y que siempre hay que estar felices. Esta niña moría de miedo y terminaba relacionándose con personas que sólo le hacían daño. No sabía como decir “no” porque a ella le enseñaron que “siempre hay que quedar bien con los demás.” Ella tenía miedo de destacar y de ser quien realmente era: Una persona que sentía demasiado, que tenía mucho potencial y muchas ideas, que podía darlo todo, sin embargo no se atrevía. No sabía cómo. La imagen que los demás veían era muy diferente a lo que ella veía. Muchas noches lloraba en su cuarto y se sentía sola. Había veces que se preguntaba si aparentemente tenía todo, ¿por qué se sentía triste? ¿Por qué nada la llenaba? ¿Por qué era tan difícil ser feliz? 

Este post podría ser el post más largo de toda la historia de los posts si les contara mi vida así que no lo voy a hacer. Sólo les voy a decir que de mis 20 a mis 25 y de mis 25 a mis 30 han sido periodos sumamente importantes en mi vida. De mis 20 a mis 25 viví en Nueva York sola con mis amigas Sasa y Aislinn. (Sí, Derbez) una etapa donde estudié actuación y donde pasé etapas cabronas y fuertes en mi vida. Muchas veces pienso que la hubiera pasado mejor si: a) No hubiera estado tan cruda. b) Si no me hubiera preocupado por todo. Para las que me leen saben que en esos cinco años de mi vida, salí con “hombres” que me hicieron mucho daño. OJO, no era que ellos fueran malos, esos chavos estaban igual o peor que yo. Me puse en situaciones de la chingada donde me encapriché mal pedo con un güey que tenía novia (yo tenía 20 años y el otro idiota 21), luego tuve un novio que me hizo mierda y cuando corté me entraban ataques de ansiedad porque pensaba que me espiaba (yo en paranoia). También salí con otro que me pintó el cuerno como mil veces, y así… ¡Ah! Y obvio los güeyes buena onda, lindos y bien de sus cabezas me daban hueva porque “entre peor estuvieran era mejor porque YO los iba a cambiar…”

A los 25 me regresé a México porque en Nueva York no tenía trabajo y la vida en la Gran Manzana es carísima. Llegué en noviembre del 2010 y en enero del 2011, me presentaron a F, quien fue mi novio por dos años.

F era como un sueño hecho realidad: Guapo, trabajador, buen pedo, chavito bien, inteligente, social… Nuestra primera cita fue un total desastre (me ahogué con Sake, le hice un pancho de celos, me lo agarré en el antro…TODO MAL) pero aparentemente eso le gustó y seguimos saliendo. A partir del tercer día no nos separamos. Se los juro. Era ridículo el tiempo que pasábamos juntos. Entré a una agencia de modelos en enero del 2011 y empecé a hacer castings y a hacer comerciales que me pagaban SÚPER bien (tomando en consideración lo que tenía que hacer). Trataba de ir a castings en la mañana (mientras F iba a trabajar) para que en la tarde pudiéramos estar TODO el tiempo juntos. O sea no me quejo, para nada, pero ahorita no me puedo imaginar que todos los días a partir de las 3 de la tarde hasta las 11 pm vea a mi novio. ¡¿A QUÉ HORA?! Claro, en ese entonces no tenía ni medio trabajo, me despertaba a las 10:30 am, iba a Bikram Yoga de 11:30 a 1pm y después a hacerme mensa en lo que llegaba F  para después ir al cine, a comer o a ver qué nos inventábamos. En esa época yo vivía con mi mamá quien amablemente me recibió en su casa después de llegar de Nueva York. Eso sí, le dije que ni de pedo creyera que me iba a controlar con los horarios. No le quedó de otra.

En agosto de 2011 regresé a Nueva York y fui a comer con Fabiola (o Fabis como yo le digo) quien es una de mis mejores amigas. Mientras comíamos noodles en uno de nuestros restuarantes favoritos, me contó de Diana su terapeuta y cuánto la había ayudado. Le dije que nunca había ido a terapia pero que me daba curiosidad. “Ve con Diana, es lo máximo”, me comentó.

Le llamé a Diana en cuanto regresé y me dijo que por el momento estaba saturada pero que ella me avisaba.

Estaba en Miami en septiembre de ese mismo año celebrando la despedida de soltera de mi amiga Bibi cuando recibí un mensaje de Diana que decía que me recibía en dos semanas en su consultorio. “Voy a empezar a ir a terapia”, le dije a una de mis amigas. “¿Por? ¿Estás triste o así?”, me preguntó. “No, sólo quiero ir a ver qué pedo conmigo.”

Viéndolo en retrospectiva yo no creí que tenía un problema específico. O sea mis papás son divorciados pero no es algo que me afecte, tenía un novio lindísimo, acababa de llegar a México por lo que “todavía estaba viendo qué onda”, ganaba súper bien por mis comerciales… Aparentemente no había ningún pedo.

Llegó el día de mi primera sesión con Diana y yo estaba un poco nerviosa. No me acuerdo bien de todo lo que pasó en esa hora y media pero me acuerdo que desde esa vez lloré como loca, ¡y no sé por qué! Diana me inspiró a soltarme y a abrirme.

Paréntesis: NO MAMEN QUE ESTE AÑO CUMPLO 5 AÑOS DE IR A TERAPIA, WHAT?!

Perdón es que me cayó el veinte ahorita…

Pues sí, ya llevo un rato en terapia y en serio es de las mejores cosas que me han pasado. OJO, no estoy de intensa diciéndoles que AHORA TODOS VAYAN A BUSCAR AYUDA PROFESIONAL. No. No sé si sea para todos, a mi me ayudó en muchos aspectos. Si yo no hubiera ido con Diana, no sé cómo sería mi vida hoy. En serio. Dudo que existiera Púrpura y que no me hubiera casado hace años con F. No me cuestionaría las cosas como lo hago hoy y creo que no sería feliz. Hoy puedo decir que soy feliz porque me ha costado un ovario y la mitad del otro estar donde estoy a nivel personal. Diana no me soluciona la vida y han sido contadas las ocasiones en las que le he hablado para pedirle ayuda cuando no voy a mi sesión. Ella me ha guiado y me ha hecho ver que vinimos a este mundo a ser felices y a ser quienes somos, que no debo de sentirme mal por ser quien soy.

Les juro mis paleras, cuando una se compromete con la vida las cosas más maravillosas empiezan a suceder. Yo no tengo una religión ni tampoco me considero una persona súper espiritual pero sí creo en la energía y en el Universo (por más hippie que se escuche) y cuando tú empiezas a crecer y a ser mejor contigo y con los demás, el mundo cambia. Todos los días es una oportunidad nueva para ser mejores, para corregir eso que nos molesta y que no nos permite avanzar.

Diana de pronto se mete a mi página a leer mis aventuras y ojalá lea este post. Gracias desde lo más profundo de mi corazón por haberme ayudado tanto, por tus palabras y por tu paciencia. Eres mi gran maestra de vida. Gracias por enseñarme que el amor propio y hacia los demás es lo más importante. La vida ha sido muy generosa conmigo y te puso en mi camino y siempre voy a estar eternamente agradecida.

También les doy las gracias a ustedes por ser parte de mi vida. En abril cumplo un año con mi página y quiero celebrarlo con ustedes, así que voy a estar regalando muchas sorpresas.

Cuéntenme qué opinan. ¿Alguna de ustedes ha ido o planea ir a terapia?

¡Les mando besos!

Foto Pablo Cruz. Síganlo en Instagram @pablo_ci

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